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La histórica Bodega Tercia de Ulea renace bajo la familia Miranda Martínez

La Bodega Tercia de Ulea, una de las bodegas vinícolas con mayor profundidad histórica murciana (siglo XIII), inicia una nueva etapa tras su reciente adquisición por la familia Miranda Martínez, reconocida por su antigua tradición ligada al cultivo de la vid y la elaboración artesanal de vino. Este relevo supone la continuidad de un legado que se remonta a más de siete siglos y que ha dotado a Moratalla de un papel destacado dentro de la cultura del vino en la península.

Un origen medieval ligado a la Orden de Santiago

Los primeros testimonios de actividad en la finca de Ulea se sitúan en los siglos XIII y XIV, cuando, tras la incorporación del territorio a la Corona de Castilla, la zona quedó integrada en la Encomienda de Moratalla de la Orden de Santiago. La Orden reservó estas tierras como parte de su patrimonio agrícola y ganadero, fomentando la plantación de viñedos y adaptando una bodega ya existente para la gestión de sus rentas.
De este periodo procede el nombre “Tercia”, que alude al espacio donde se cobraban y almacenaban los llamados tercios o diezmos en especie: vino, grano y otros productos que los arrendatarios entregaban a la institución militar-religiosa. Así, la Tercia de Ulea funcionó durante siglos como centro de recaudación, bodega y almacén, siguiendo el modelo extendido por las órdenes militares en toda la península.

Una bodega que sobrevive a los siglos

A lo largo de los siglos XV al XIX, diferentes documentos de cuentas, protocolos y archivos municipales confirman la continuidad de los viñedos de Ulea, cuyos vinos fueron apreciados en la comarca y en diversas rutas comerciales del Reino de Murcia. La bodega atravesó ciclos de prosperidad y declive marcados por factores climáticos, cambios fiscales y crisis agrícolas. Entre las más devastadoras se encontró la filoxera del siglo XIX, que arrasó buena parte de los viñedos de Moratalla; aun así, la finca de Ulea mantuvo una sorprendente persistencia, replantando y recuperando su actividad.

Con la Desamortización de Mendizábal, la antigua propiedad de la Orden de Santiago pasó a manos privadas, y posteriormente fue integrada en el patrimonio de la familia Chico de Guzmán, que sostuvo la explotación vitivinícola hasta pleno siglo XX, consolidando una línea de producción que combinaba tradición y técnicas agrícolas renovadas.

Modernización y continuidad

Durante la etapa contemporánea, la bodega se reorganizó y modernizó sin renunciar a su identidad histórica. El traslado de las instalaciones a la denominada Casa de Labor, junto a la ermita de San José, permitió ampliar capacidad y mejorar procesos manteniendo el carácter artesanal que siempre ha distinguido a los vinos de Ulea. Sus viñedos, situados entre los 700 y 800 metros de altitud, han continuado produciendo uvas de calidad excepcional, especialmente de la variedad Monastrell, emblema de la zona.

Nueva etapa bajo la familia Miranda Martínez

La reciente llegada de la familia Miranda Martínez, vinculada desde generaciones al mundo del vino y a la explotación agrícola tradicional, marca un capítulo decisivo para Tercia de Ulea. Su proyecto combina respeto por el legado histórico con una clara voluntad de revitalizar la finca, potenciar la identidad territorial y elevar la presencia de la bodega en el panorama vitivinícola regional y nacional.

Los Miranda Martínez han expresado su compromiso de preservar el patrimonio histórico y arquitectónico de la Tercia —incluidos sus espacios originales y su simbología centenaria—, a la vez que impulsan una estrategia de innovación responsable, basada en técnicas de cultivo sostenible, recuperación de variedades locales y reapertura de la bodega al enoturismo cultural.

Un regreso que fortalece la memoria vinícola de Moratalla

La revitalización de la Bodega Tercia de Ulea supone no solo la continuidad de una explotación agrícola histórica, sino también la recuperación de un símbolo identitario de Moratalla, testigo de la presencia de la Orden de Santiago, de la economía rural tradicional y de la resistencia de los viñedos de montaña a lo largo de los siglos.

Con la incorporación de la familia Miranda Martínez, Tercia de Ulea se prepara para un futuro que aspira a unir memoria, territorio y excelencia enológica, proyectando una de las historias vinícolas más antiguas de la Región de Murcia hacia una nueva etapa de crecimiento.

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